Monika la Princesa Guerrera

Esta historia fue escrita para una increíble luchadora y guerrera que luchaba por la leucemia y que desgraciadamente hace tres años por una pequeña complicación se fue. Monika en 2010 se le diagnosticaron Leucemia linfoblástica aguda Philadelphia positivo. Lucho mucho por su enfermedad, consiguió vencer pero por desgracia al cabo de unos años volvió la enfermedad. Y esta vez las complicaciones por estar a 0 de defensas pudo con ella.

Siempre que la veía estaba con sus agujas de ganchillo y haciendo flores como las que veréis más abajo, porque todas son suyas. Actualmente en mi nevera hay un par que están echas por ella y las otras echas por su madre que las hace para recaudar dinero para la fundació Josep Carreras y no hay día que me acuerde de ella y lo que más me acuerdo es lo luchadora que ha sido.

A continuación os pongo la historia.

  
Erase una vez, en una pequeña aldea lejana, una princesa guerrera que era bella por fuera y aun mas bella por dentro. La llamaban Monika la Princesa Guerrera, y eso era porque siempre le gustaba opinar diferente a los demás, y alargarse en acaloradas conversaciones en las que su opinión era siempre diferente… todos en el pueblo sabían que era solo por llevar la contraria, así que nadie se enfadaba con ella porque tenía muy buen corazón, y al final siempre ayudaba a todos en todas las cosas que cada uno necesitase.

La Princesa Monika, incluso por llevar la contraria, vestía siempre de color negro y se ponía la ropa de los hombres, pero aún así se le veía con buenos ojos sus excentricidades. Por algo la llamaban “La Guerrera”!

A nuestra Princesa le gustaba pasar horas tejiendo en sus aposentos, tejía y tejía y abrigaba a todas sus amigas del palacio con sus labores. Y para alegrar el invierno empezó a tejer flores de colores, que regalaba en cuanto tenía ocasión. A todo el pueblo regalo al menos una flor tejida por ella, y tanto gustaban sus flores que las lucían orgullosos en sus prendas. Sabían que cada flor era una medalla de agradecimiento por algo que habían hecho por ella, y eso a todo el mundo le gustaba. Y poco a poco el pueblo entero tenía algún sitio colorido con algún adorno de la Princesa Guerrera.

Pero un día nuestra princesa guerrera se puso muy malita, y dejó de tejer, dejó de pasear, incluso dejó de discutir con los del pueblo. Y nadie sabía que la pasaba. Vinieron muchos médicos a visitarla y entre medicinas y brebajes, ella aprovechaba para discutir un ratito con el que le tocase el turno. Pero se cansaba mucho, así que un día decidió echarse a dormir un rato. Y pasaban las horas y seguía durmiendo muy tranquila, y los médicos no querían despertarla porque así la curaban mejor. Ellos sabían que la enfermedad de Monika estaba en la sangre, y que tenían que encontrar cómo curarla rápido. Pero necesitaban una poción mágica, para que pudiese coger fuerzas porque sino nunca despertaría.

Un niño que solía corretear por el palacio y le gustaba escuchar las conversaciones de los mayores, les oyó a los médicos hablar de lo que le pasaba a la Princesa Guerrera y muy preocupado fue corriendo a la taberna donde se encontraba su padre con los amigos. Cuando le encontró le dijo:

-Papi, papi, tu el otro día cuando me hice una herida al caerme del árbol y sangraba mucho, me dijiste que mi sangre era mágica y me crecía otra vez, ¿no?

Todos los amigos al rededor del padre rieron con la ocurrencia.

Y el padre contestó – Si hijo, tu sangre vuelve a “crecer” siempre.

-Aaaah!- dijo dubitativo el niño

– ¿Que piensas hijo? – Preguntó el padre al ver al niño tan pensativo

– Papi, ¿y la tuya también vuelve a crecer?

– Si yo también tengo sangre mágica, !!por eso soy tu padre!!

– Aaaaaah- y volvió a decir el niño indeciso.-

El padre viendo que el niño seguía dubitativo, le preguntó – ¿Y porqué haces esas preguntas?

-Papi, pues porque no se de qué árbol se ha caído la Princesa Guerrera, pero se ha debido hacer una herida muy grande y se le ha puesto enferma la sangre, y ella no tiene sangre mágica como tu y como yo ¿tu cree que se la podremos dar para curarla?

Todos en la taberna volvieron a reír ante la ocurrencia del niño. Y el padre le dijo, – Si yo pudiese curarla le daría toda la sangre mágica que pudiera!!

– Y yo!! dijo otro de los amigos.

– Y yo también, dijo otro.

Pero el niño responde serio- ¡¡Nooo, nooo!! ¡¡Vosotros no sois mis papás, no teneis sangre mágica!!

A grandes carcajadas rieron todos.

Pero el niño insistía – Papi ¿tu crees que si vamos y le curamos con nuestra sangre mágica la Princesa Monika volverá a tejer flores y nos regalará alguna?

Y el padre ante la insistencia del niño se dejó convencer. – Mira hijo, como yo tengo mucha magia en la sangre y tu todavía tienes que guardarla para cuando seas mayor, vamos a ir a hacer una visita al Palacio y les diremos a los médicos que queremos curarle a la Princesa Guerrera para que pueda seguir haciéndonos muchos adornos de colores, ¿vale?

– vale- contestó rotundo el niño.

Dice la leyenda que allí fueron padre e hijo y gracias a la sangre mágica del padre, ese día Monika, se puso un poquito mejor, pero como aún no era suficiente, decidieron todos los del pueblo ir unos pocos cada dia al Palacio para que los médicos encontrasen en la sangre de cada uno de ellos esa poción mágica que necesitaban para sanarla. Y encontraron magia en todos ellos, y vaya si se curó la Princesa gracias a su poción mágica!! despertó de su largo sueño y fue recuperándose poco a poco y poniéndose cada día mejor.

Y tan agradecida estaba ella con sus queridos amigos del pueblo que la habían sanado, que dicen que en aquella aldea ya siempre fue primavera porque todos los jardines estaban llenos de flores de colores, todas ellas tejidas por nuestra princesa, no había rincón a la vista que no lo cubriese un manto de tan bellas flores. Y por muuuchos muuuuchos años nunca dejó de tejer nuestra princesa.

  

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